NAO

Cuantas veces uno va en un vehículo o simplemente caminando y en ese pasar se aprecian largos muros llenos de basura y desarmonía visual. Tal fenómeno se puede dar por la inescrupulosa forma de marcar los muros de un recinto o incluso por la desfachatada forma que tienen algunas edificaciones de mezclarse con su entorno. Sin embargo existen artistas que mediante un discurso embellecen el medio, aprendiendo de éste e intentando dejar huellas, así es NAO (Edgar  Gutiérrez Esparza), de quien se hablará a continuación.

Texto: Sebastián Lazo Siriani

Fotografía: Miguel Lara Urzúa

Entre edificios y un parque se alerta a un hombre con sus pinturas en lata, preparando a un muro para ser intervenido, el contenido de ese boceto está en la cabeza del artista y lo irá rebelando a medida que sus latas traduzcan su corazón. De un momento a otro NAO pone manos a la obra.

Entablar una conversación con el muralista es sencillo, pero no se traduce en contenidos dóciles ni fútiles, es más, la línea argumentativa de Edgar radica en un profundo compromiso social, el que busca conmover aunque sea un ápice al otro. El artista indaga en la comunidad una instancia donde enriquecerse como persona y así el poder entregar algo más.

El barbudo artista a medida que va construyendo su obra opina de sus raíces, de la eterna retribución para con su vecindario y de lo que a el lo mueve, el pintar. Él asume su expertiz y la entrega con generosidad, pero también NAO mira a su interior, relata todo lo que ha costado llegar donde está y como su juvenil entusiasmo no siempre fue su mejor aliado

Aún recuerda que fue joven y que cometió los errores de quienes gustan de iniciarse en el arte del muralismo, hasta que un día su espíritu estaba tan ávido de expresar cosas y acuñar un discurso que fue en su obra donde vio la inmensa posibilidad construir o aportar con un pequeño granito de arena a que existan cambios

La obra de NAO es pulcra y sencilla, ésta refleja lo que su persona refleja, él conmueve y reclama  un despertar en la vida de cada persona. Para Edgar si al menos una de estas vidas se ve identificada y tocada por su propuesta, él ya siente que su trabajo se encuentra bien encaminado y tuvo un sentido.

El muro  secretamente contenía una obra y que  avanzada la tarde  se dejó ver relucir, ayudando a que en un rincón de la ciudad pueda hablar y que este arte al menos tranquilice a quien osó pensar que la vida se tornaba oscura. El colorear las calles es una medicina para el alma que disciplinadamente va rescatando y creando conciencia en quienes viven bajo ese ambiente.

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La ciudad necesita la sencillez de hombres como NAO, por estos días las convicciones se dejan bastante atrás en la pirámide de lo que hace hacer a una persona integra. En este muralista se rescata la tradición con bríos y guiños a una nueva generación.

Puedes revisar la galería completa de Nao pinchando aquí.