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Como una ruptura mágica fue que nos encontramos en los cerros contiguos a Santiago en un taller, el del fotógrafo/escultor Nicolás Val. Pequeño lugar pero sin embargo con una potencia gigantesca, punto de creación y escape a lo que nos presenta día a día nuestra ciudad.

por Yonki Del Boom

Nos recibe con mucho afecto y nos abre su mundo al mostrarnos lo que inmortalizado por su cámara da vida a su fotografía, aquello que le concibe alguna emoción al observar lo cotidiano de las culturas con sus diversos actores humanos. Espontáneo en sus trabajos, gusta de derivar e ir observando a los futuros protagonistas de sus  imágenes.

Con ímpetu y desarticulando lo habitual de la sociedad moderna, por medio de fotografías gigantes que va pegando a los muros de la ciudad, cree mostrar lo que define como cura o enfermedad de esta misma. Lamentablemente, por motivos económicos y otros proyectos (esculturas) ha tenido que dejar de lado esta pasión, una galería espontánea y callejera de pequeños instantes. Siente que lo suyo con la fotografía es herencia de la relación con su abuelo.

Su otra pasión es la escultura, ahí donde el metal toma forma o se “desforma”  dando paso a una obra. Avezado en el quehacer, desde bicicleteros hasta muebles le ha tocado confeccionar. De lo que encuentra en la calle, sin conceptualizaciones, va creando esculturas con fierros oxidados. Un tipo de reciclaje, que muestra que aquello que se vota tiene un uso mágico despreciando la teoría de lo “desechable”. Dice la oxidación muestra el paso del tiempo, le da cierta sabiduría al objeto.

Si quieres ver más de su trabajo, tienes el siguiente link http://cargocollective.com/nicolasval, y si quieres ver nuestra galería completa de la nota, pincha aquí.