Javier Barriga: “Algunos me han atacado por mi cuna y por donde vengo”

Muchos hemos visto sus trabajos por las calles de la capital, reconociendo las espaldas femeninas que propone su arte. Destaca por hacer arte callejero desde otra vereda, asumiendo su origen e influencias, dejando que su trabajo hable por si solo. Este es Javier Barriga, el hombre que tras pintar en óleo, pasó al escrutinio público con su arte en la calle. Hoy está fuera de Chile, y Perfil B publica la conversación que tuvo con él antes de que dejara el país.

Texto: Sebastián Lazo Siriani

Fotografía: Rodrigo Vilches

¿Qué te influenció para dedicarte a pintar?

Siempre dibujé, desde muy chico. Mi ramo favorito del colegio era arte. Practicaba harto y eso iba haciendo que dibujara más que mis compañeros. En el fondo tenía más horas acumuladas de dibujo. No soy de la escuela de pensar de que la gente que nace con el don.

¿Cuál era tu cercanía con la calle?

– Igual andaba en skate, tenía una afinidad con el mundo callejero pero siendo un pollo, nunca teniendo mucha calle en el cuerpo. Igual patiné dos años y medio, y andaba en Provi de arriba para abajo, era lo único que hacía. Ahí conocí un poco más al grafiti y rallaba con él. Tenía por un lado a la pintura clásica como referente, que me apasionaba.

¿Siempre te interesó trabajar en el muralismo?

Desde chico el graffiti me volvía loco, era mucho más impactante encontrarte una obra en la ciudad que entrar a un museo, porque en el museo esperas las cosas. Con un cuadrito alguien puede decir “oh, qué bonito”, y sería, no lo va a ver más. Un muro se le puede presentar a alguien todos los días de su vida en un trayecto a una pega que queda a la mierda, y ese muro se vuelve importante en la vida de las personas. Y eso, tiene mucho más sentido para mi que pintar un cuadro. 

¿Cuál es tu apreciación sobre el arte más duro, lo más callejero?

Soy muy admirador de los tags, identifico muchos, conozco a varios tageadores prolíficos de Santiago, por el tag no por conocerlos. Me gustan los tags con extintores, pulverizadores, con rodillos. También me gustan las letras y soy bien diseñador. Yo soy de la pequeña escuela que cree que los tags decoran una ciudad. 

¿Tú haces tags?

Yo no hago tags, ni bombas, porque no es mi expresión no más. Estoy tratando de crear una identidad en la calle a partir de mi trabajo y del resultado, y es muy elaborado para andar haciendo un tag, no puedo representar en lo que quiero convertirme en un tag. 

¿Cuándo te lanzaste a la calle?

Yo le debo todo al mundo del graffiti. Me compraba latas y hacía mis experimentos. Cuando salía a la calle tiraba letras y no me resultaban. Igual puedo hacer un personaje rapero, pero no me encontraba en eso. Como a los 24 empecé a pintar afuera, a utilizar lo que sabía de la pintura al oleo en cómo pintaba con las latas.

¿Autodidacta?

100%. Me metía a casas abandonadas a pintar cosas horribles que nadie veía. Tuve muchos episodios frustrantes en relación al graffiti.

¿Cómo fue vincularte con el mundo del diseño gráfico?

Cuando egresé estaba levemente preocupado porque lo que venía era convertirme en un diseñador, ganarme la vida, irme de la casa de mis viejos, donde tenía todo, pero tenía mucha ansiedad de independencia y era una casa sumamente represiva para mi. Después viene la gran pregunta de todos los artistas: ¿Y ahora de qué vivo? Me encanta la pintura, pero de qué vivo. Ahí decidí hacer clases en los colegios. Inventé un curso que se llamaba graffiti para niños de 3, 4 y 5 básico, entre 8 y 11 años. Pensaba en mi a esa edad, cuando no tuve un maestro en esto, cuando nadie me apañó.

¿Quería traspasar los conocimientos?

Yo dije que iba a dar el curso que me hubiera encantado tener. Viví al menos 3 años enseñándole a niños del Santiago College, donde estudié. Como tiene muchos recursos, los exploté. Hice todo lo que pude a nivel de impacto. El costo es que es un colegio demasiado ABC1 y heterogéneo, pero sentía que ahí había que hacer una pega

¿Te obsesiona la idea que le puedan hacer daño a tu trabajo en la calle?

Siento que cuando uno pinta en la calle eso es lo primero que tiene que dar por sentado. De hecho, uno de mis murales en Santo Domingo está bien descascarado, debería haberlo reparado. Creo que mis murales están muy protegidos, porque mucha gente ha manifestado el aprecio por el trabajo. En este momento podrían estar dañando uno de ellos, pero siento que la misma gente lo está cuidando.

La gente asume que quienes hacen trabajo en la calle son “raperos”. Tú vienes de un sector más acomodado ¿nunca sentiste que te miraron con cara de “qué hace este cuico en la calle*?

En el graffiti hay un tema de clases que es muy importante y en ese sentido soy una excepción al paradigma, porque pinto en la calle y salí de un colegio y la universidad. Creen que la expresión de lo que hago es cuico, porque son minas rubias, europeas, también me discriminan por lo que pinto. Algunos me han atacado por mi cuna y por donde vengo. Eso me alimenta, porque cuando salgo a la calle siento que valgo por mi trabajo, mi trabajo me defiende y puedo permanecer en silencio, porque lo que pesa es el resultado, no de dónde vengo.

¿Te gustaría encarar a los que te critican por eso?

Me encanta que me discriminen, porque lo encuentro tan básico. Finalmente lo que va a importar es cómo te desempeñas en la calle. Yo desafío a cualquiera que tenga un problema con eso de que soy cuico a un diálogo pacífico desde el graffiti. Un muro contra otro muro. Mi arma no es que en la esquina de mi casa vendían pasta, porque no, no había pasta. Mi barrio era una mierda, no habían graffitis, era fome. Trato de no enganchar mucho con las críticas porque de 100 comentarios, dos son amargos. Y siempre van a haber. A veces me gusta cuando caen en eso porque me da más fuerza, pienso que voy a hacer las cosas mejor.

¿Por qué mujeres y espaldas?

Mujeres porque me gustan las mujeres, no hay una explicación más compleja que esa. Tengo una relación con la pintura plástica: si yo esculpiera un cuerpo me gustaría más tocar a una mujer que a un hombre. Es un tema de deseo. Me inclino hacia las mujeres que me parecen bellas y eso tampoco tiene buena acogida, sobre todo en el mundo del arte donde la belleza ya no es un tema a perseguir. Me parece ridículo que se vuelva anticuada la belleza. Las espaldas tiene que ver con que me cuesta mucho hacer retratos, no me resulta y no me atrevo. Pensé en pintar el pelo, que era difícil pero tal vez podía mulear. Mi explicación más conceptual, es que al estar de espalda carecen de identidad, entonces la gente se puede vincular y familiarizar con los sujetos. Eso es tan burdo como mirar a una mujer en la calle, de espalda y quiero verle la cara, quiero sorprenderme. Previo al descubrimiento de la identidad hay una fantasía y ese margen es el que me interesa.

¿Fue importante para ti pintar en el museo de cielo abierto?

Con el tiempo me doy cuenta cada vez más lo importante que fue para mí. Tengo una historia larga con el museo de cielo abierto, la primera vez me mostraron los muros y no me gustó ninguno, yo tenía uno que era muy difícil de conseguir y les dije que si no pintaba en ese, no me interesaba pintar. Al director le llamó la atención mi actitud, se molestó, me lo manifestó y me afectó mucho eso. Me sentí muy mal pero había obedecido a lo que me pasaba. Yo no soy un pintor callejero, trabajo en mi taller y para salir de ahí tengo que encontrar una muy buena excusa. Los muros que me mostraron tenían cables que les cruzaban, sentía que no era capaz de hacer una obra de calidad ahí. Tengo un nivel de exigencia de pintor de taller y no de muralista. Los graffiteros se desenvuelven en cualquier contexto, yo soy más complicado. Planifico mucho las cosas, armo sesiones de fotos, después un proyecto en digital. Yo ni siquiera invento, no improviso. Mi trabajo en la calle es metódico, es largo.

Trabajas muy bien un estilo clásico ¿hay algún sentido al hacerlo con un elemento tan urbano como lata de spray, hay algo detrás de eso, o son las circunstancias?

Pienso que esa es la única gracia en lo que hago, lo que yo hago en pintura la gente lo aprecia, pero no es nada nuevo. Conozco infinito pintores de la historia y lo hacían mucho mejor. Estoy repitiendo una fórmula, que no es fácil tampoco, pero lo que hago en la calle es nuevo, porque se mezclan dos mundos: la metodología de la pintura clásica con un medio más contemporáneo que es el spray. Ese cruce es lo interesante de mi trabajo, que era terreno de nadie pero donde estuve siempre

¿Qué expectativas tienes fuera de Chile?

Quiero ir a aprender del natural con los modelos en vivo, porque soy hijo de la cultura digital y tomo fotos, uso proyectores. Uso mucha tecnología y este viaje me voy sin nada, sin cámaras, sin proyectores, y lo que voy a estudiar es pintura con modelos en vivo y quiero desarrollar una faceta como pintor retratista.

PING PONG DE LA B

Un pintor:

Trabajo

Un disco:

Rayado

Un libro:

Ping Pong

Condorito o Mampato:

Condorito

Pincel o lata:

Pincel

Obsesión:

El detalle

Lugar más feo de Santiago:

La Dehesa

Defecto:

Mi belleza

Lo último que robaste:

Una uva

Lo peor de ser profesor:

La paga

De frente o de espalda:

De espalda

De no ser pintor, serías:

Ingeniero comercial

A quién nunca pintarías:

A Piñera