Boa: El milagro de la ensalada entretenida

Esta es la reivindicación de la comida sana. Y para llegar a ella hay que subir una empinada escalera, la antesala a una iluminada terraza.  Ahí está Boa, un restorán que en tres meses se convirtió en una auténtica y original alternativa que rompe con el paradigma de que comer sano es solo comer lechuga.

Texto: Amanda García

Fotografía: Rodrigo Vilches

BOA

Ahora es un oasis iluminado, con plantas frondosas, y techo transparente. Pero antes, Tajamar 287, al lado del Costanera Center, era una casa deshabitada que asustaba a cualquiera. “Parecía el baño de Trainspotting”, recuerda Francisca Diban, la dueña de Boa. Fueron seis meses buscando donde abrir el restorán y cuando pensaban que lo tenían listo, el dueño del lugar les dijo que no, porque lo que vendía era muy “de nicho”. Ahora, ahí hay un local de empanadas. Hasta que encontraron su lugar, en la casa abandonada a la que se entra por una escalera. Sus conocidos en el mundo gastronómico le dijeron a Francisca que no abriera en un segundo piso, porque la escalera iba a espantar a la gente. Pero ella no hizo caso.

“Para mi fue más difícil construir que abrir, y todo el mundo me decía que iba a ser al revés. Por seis meses buscamos un lugar, porque no quería ser uno de los lugares que apuntan a lo sano y están lejos”. Francisca y su hermano Felipe, de 29 y 30 años, se lanzaron con su primer restorán a pesar de que vienen de mundos muy distintos. Ella es diseñadora gráfica y él, era corredor de la bolsa.

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Pero viajaron, conocieron la gastronomía asiática y se dieron cuenta que en Chile es muy difícil encontrar platos así. Que comer sano significa meter la cara en un cerro de lechuga y que las ensaladas tienden a ser fomes y deprimentes. Por eso, quisieron ofrecer productos frescos y reivindicar a las verduras, sin ofrecer solo platos vegetarianos.

Y Boa logra su misión con creces. Ofrecen platos que dejan hasta al más glotón feliz, porque los productos con lo que trabajan son de alta calidad y frescos: se preocupan de comprar el pescado diariamente, que la sal de mar sea pura, y hacen lo propio, como el pan de masa madre y la ricotta. “Para los cocineros estar acá es un desafío porque en la escuela no les enseñan cómo hacer una granola, porque les enseñan cosas más sofisticadas, y acá hacemos la granola”.

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Probamos “La Tostada”, un picoteo abundante de tostadas de pan de campo con queso cremoso casero, betarraga asada y garbanzos con masala y oliva. Impresionantemente bueno. Y de fondo, un bowl Asiático con salmón y verduras –un giro que se agradece a la típica ensalada- y un bowl Medio Oriente, con un asalteado de arroz basmati y hongos, huevo de campo, garbanzos, pepino y maní, que aunque estaba un poco salado, daban ganas de llorar por lo bueno.

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Todos los días Boa ofrece una opción de un plato vegetariano y uno carnívoro, más una sopa o una ensalada. En la semana los almuerzos se llenan y ahora quieren potenciar los desayunos, con ofertas diferentes como café de zapallo y de betarraga.  Y tener productos frescos es más pega de la que se cree: tienen que cambiar la carta según la estación. Y la sobrecostilla, uno de los platos más vendidos, va a tener que desaparecer, porque tiene setas, bruselas y zapallo invierno, tres cosas que se encuentren en el invierno.

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“A veces dan lata las críticas, como que los precios son altos, pero la calidad acá es alta y nos preocupamos de reivindicar la comida sana. Queremos que todo parezca de acá, si alguien después ve un plato, que diga que ‘esto es de la estética Boa. Que los platos no parezcan de la estética del 99 o Boragó, porque no somos ese tipo de restaurante de alta cocina, pero sí tenemos productos de calidad también”, dice Francisca iluminada por la luz que le llega en su terraza.

Revisa la galería de BOA aquí.

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DirecciónTajamar 287, Las Condes, Región Metropolitana.