David Jorquera: Tallando la carne

Esperar de un artista trazos gratos o composiciones que hagan gozar al espectador, son instancias comunes en la obra de cualquier artesano, pero el paradigma se rompe cuando esa obra opera en un lienzo vivo, apelando a la perpetuidad del cuerpo, lo indecible de éste y que acontece en la propia carne, desdibujando el parámetro de “belleza”. Es en el tatuaje (anexa otras disciplinas) donde David Jorquera funciona y es ahí donde muchos ponen un velo de ignorancia o de conformidad a con el canon preconcebido de lo que puede ser llamado arte.

Texto: Sebastián Lazo Siriani

Fotografía: Miguel Lara Urzúa

Jorquera construye su imaginario en el albor de su infancia, donde la música extrema e imágenes grotescas, que para muchos son instalaciones de mal gusto, lograban simbiotizarse con los sonidos que se proponían en  cada cinta, ahí donde muchos escuchaban flagelo sonoro, el artista concebía un relato que lo hacia conectarse con lo que se tiene más a mano, el cuerpo, su deterioro y fragmentación.

David concibe su obra como un eterno retorno, lo que se plasmó en la piel terminará siendo lo que su trazo imaginaba para un futuro,  ahí existe un romanticismo por medio del desgaste de la carne y como la perpetuidad se acaba en la unión entre la obra y el material orgánico.

Existen opiniones disimiles sobre el obrar de cualquier oficio o disciplina, e imaginarse que en el arte eso puede ser distinto es una incredulidad que asusta. Es en la ineludible responsabilidad que tiene cada artífice que podemos generar un estado emocional al enfrentar cada obra, todo lo que se contrapone conmueve, solo hay que aprender a que ese emocionar carezca de ignorancia y reboce en perspectiva.

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