Alter Sonus II: Oídos y ojos crípticos

Jueves y Matucana 100 recibía la segunda versión de Alter Sonus (AS). Fría noche que no amainó las ganas del público de estar en un evento que asomaba como una instancia diferente y atrayente por el cartel que se esperaba, y lo que depararía en cada acto. El Espacio Patricio Bunster albergó, con un lleno total, a los que buscaban una experiencia tanto sonora, como visual,  que al final de la noche no dejó a nadie indiferente.

Texto: Sebastián Lazo Siriani

Fotografia: Miguel Lara Urzúa

Alter Sonus II

A eso de las 20:10 hrs, con una sala en tinieblas y uno que otro murmullo, comenzó el show. Los responsables de abrir fueron Autómata, que con Luces Estroboscópicas, simulando una especie de contacto o transmisión, respetaban el parpadear de las luces, aunándola con la secuencia de los sonidos; entregando  una tensión que atrapaba. La intermitencia de las luces dejaba ver una amenazante silueta al centro del escenario, mientras las percusiones añadían intención a cada sonido electrónico. Avanzaba la puesta en escena y el trazo humano que se divisaba resultó ser la voz femenina que, dudosa y expectante, adornaba las sonoridades crípticas que asomaban y dejaban expectante al público. Un espectáculo diferente, a momentos muy abstracto, pero difícil de encontrar.

Alter Sonus II

Vendría el turno de Bisonte y el cuarteto Vila, quienes mostrarían dos piezas: una titulada “Kren” y otra acompañada de un film realizado por la destacada directora Tiziana Panizza. La puesta sonora en este segundo acto fue algo más accesible: lo electrónico se fundía entre las cuerdas doctas y las imágenes, haciendo del momento algo más familiar, más imaginable. Lo realizado por los músicos fue la cuota necesaria que se debía emplear para bajar la incertidumbre  que generó el episodio anterior. Sin ser pretenciosos, Bisonte apareció en la medida justa, dejando una pasividad que se agradece.

Alter Sonus II
Alter Sonus II
Alter Sonus II

Los últimos en escena fue Albatros. Una agrupación que presentó una sola pieza musical titulada “La frontera de lo místico”, movimiento que encargaba al tándem imagen y sonido, como un todo, para golpear sensaciones. Las proyecciones al son de cada pulso y ruido se enfrascaban en momentos monolíticos y así se convertía en complejo de disociar para lo que los ojos observaban, para lo que los oídos escuchaban. Apuesta singular, pero que hacía comprender los patrones que se formaban. Una manera singular y atrapante de entender el arte.

Alter Sonus II
Alter Sonus II

Presenciar AS fue una experiencia singular y que a momentos desconfiguró la forma que normalmente se tiene de entender lo musical y audiovisual, sacando al público menos asiduo a estas expresiones artísticas de su lugar de confort. Sin embargo, instancias así deben mostrarse, abriendo el abanico de lo posible en el arte, aumentando los límites de la imaginación de quienes las experimenten. Jamás está demás conocer y Alter Sonus logro abrir un espacio tan nuevo como atrapante.

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